sábado, 28 de mayo de 2011

Arte Iglesias

LA IGLESIA DE LA COMPAÑIA
Iglesia de la compañía

Hay que reconocer que solo en un país como el nuestro podemos encontrar tal diversidad de estilos y construcciones, en este caso la iglesia de la compañía que nos deslumbro con su estilo barroco con una exactitud simétrica y unos acabados impresionantes, dignos de ser estudiados más a fondo, si bien es cierto la iglesia de la compañía tiene muchas características del barroco pero siempre se encuentra una mezcla de estilos en donde también podemos apreciar como los indígenas que eran obligados a construir estas enormes iglesias trataban de utilizar un poco de su simbología introduciéndola sin que los españoles se den cuenta, en esta iglesia que es una de las más visitadas por su preciosidad y sus obras de arte, en ella podemos encontrar los más diversos cuadros y el famoso cuadro del infierno que es una de las atracciones más importantes, si nos ponemos a analizar podemos encontrar rasgos muy definidos en tanto al estilo de construcción capiteles compuestos arcos de media punta, una cúpula, simetrías y usos de figuras geométricas propias del barroco y utilización del otro y el fresco, por estas razones la iglesia de la compañía es el perfecto sitio para apreciar la magnificencia del arte

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La Iglesia de San Francisco

En esta ocasión tuvimos la oportunidad de visitar el museo y la iglesia, en los cuales observamos el desarrollo de la historia de los franciscanos en la ciudad de quito, dentro de su construcción se da la famosa leyenda de cantuña, en donde nos comentaron como logra salvar su alma, pudimos observar una serie de cuadros en los cuales se veía a la orden franciscana y sus impresiones como santos, con una visión siempre al cielo y la representación de sus símbolos y creencias, hermosas pinturas al oleo, también vimos representación en estatuas en donde se veía el estofado y el esgrafiado, nos comentaron que en algunos casos se utilizaba sangre de animal para las mejillas, hermosas construcciones que buscaban representar lo maravilloso del arte quiteño.

La construcción de templo y convento la comenzó fray Jodoco Ricke, a poco tiempo de fundada la ciudad, en 1536, y fue obra de arquitectos y talladores como fray Francisco Benítez, quien asumió la obra en el último cuarto del siglo XVI y la remató en 1605. (Y talló la sillería e imágenes del coro). Fachada de templo y convento se alzan sobre amplio atrio que corre de extremo a extremo de la plaza, alto de zócalo, todo de piedra, solo roto al medio para dar acceso desde la plaza por hermosa escalinata pétrea de doble abanico.
La fachada de la iglesia es severa, dentro de los cánones renacentistas del neoclasicismo grecorromano. De sus dos cuerpos, el primero tiene un orden de columnas dóricas asentadas sobre sólidas bases que se confunden con el zócalo; el superior tiene columnas -un cuarto más pequeñas jónicas. Apenas hay decoración: sólo el cordón franciscano que envuelve, como moldura, el gran ventanal de encima de la puerta principal; las estatuas de San Pedro y San Pablo, a uno y otro lado de la misma ventana y más arriba un Cristo, todo en piedras de bella factura.
Al entrar en la iglesia se queda debajo del nártex, de cielo raso bajo adornado por pequeñas telas pintadas, enmarcadas y rodeadas por alegre conjunto ornamental de caras de ángeles y flores, todo de, gusto italianizante. La nave central es alta y el crucero, justamente celebrado, se sostiene sobre cuatro arcos torales. De lado y lado tiene capillas con hermosos retablos. El retablo del altar mayor, poblado de estatuas, da vuelta al presbiterio en redondo. El artesonado de la gran nave fue de lacería mudéjar hasta cuando el terremoto de 1755 obligó a sustituirlo por el actual. Cómo fuese la lacería mudéjar puede verse aún en la cúpula del crucero.
 


Iglesia de San Agustín

Este es la mas grande representación de la escuela quiteña, y del prodigio Miguel de Santiago, en si la iglesia de san Agustin representa el arte de la escuela quiteña, además de una serie de estilos que solo se desarrollaron dentro de ese convento, como es la sala capitula, el coro, etc. Técnicas que al ser utilizadas fueron aplicando la realidad quiteña con un claro sincretismo de lo neoclásico, es el reflejo de la unión de una serie de técnicas que hace de esta iglesia única y la cuna en si del arte quiteño, con una serie de fresco y esculturas además de pinturas y tallados que reflejan la calidad de nuestras obras.
El arquitecto extremeño Francisco Becerra, que se hallaba por aquel entonces en Quito, trazó los planos de la iglesia y convento de San Agustín, hacia 1580 ó 1583.
En 1606 se firmó contrato con el arquitecto español Juan del Corral, casado con quiteña, para la edificación. Terminada la obra arquitectónica, se mandó traer de Roma retablo para el altar mayor y se hizo la talla de los altares laterales. Todo aquello estuvo terminado para 1650. La fachada se trabajó según consta la inscripción puesta sobre la puerta de entrada entre 1659 y 1669. Por aquellos mismos años se hacía la obra de los claustros y Miguel de Santiago pintaba para ellos los bellísimos lienzos de la vida de San Agustín -de 3 metros por más de 2.
En ellos reinterpretó cromáticamente y dio vida y ambiente a los grabados del flamenco Bolswert que le sirvieron de modelo. Además de esta serie, hay en San Agustín otra importantísima obra de la Escuela Quiteña, del mismo Miguel de Santiago: el cuadro llamado de la Regla, colosal tela de 8 metros por más de 6, que está sobre el presbiterio del templo                                           .
Pero hay mucho más que admirar en San Agustín: numerosos rasgos originales del columnario de los retablos de la iglesia, la belleza del claustro con sus galerías superpuestas, y la Sala Capitular.
A la mitad del tramo oriental del claustro se abre la puerta de la Sala Capitular, célebre porque en ella se firmó el Acta del 10 de Agosto de 1809.
Tiene en su testero un hermoso calvario de Olmos, imaginero quiteño de comienzos del XVIII, y, al extremo opuesto, la tribuna para el orador o lector, de riquísima talla, coronada por preciosa concha ribeteada por calado de fino encaje. El artesonado de la bóveda está adornado con numerosas telas y en los faldones hay lienzos de motivos hagiográficos, dieciséis de un lado y dieciséis del otro. El de la muerte de San Agustín y el de San Jerónimo son de Miguel de Santiago; una Pietá, probablemente, de Ribalta.
El convento posee en su interior una serie de corredores compuestos por 9 columnas toscanas de capitel dórico, 2 pilastras y 10 arcos de medio punto o peraltados. En cada pared destaca un galería en la que se pueden observar 39 lienzos de los cuales 25 pertenecen a Miguel de Santiago con su técnica del Claro-Oscuro en los que se detalla la Vida y Milagros de San Agustín, estos lienzos están basados en grabados editados en Europa por Boswell y fueron concluidos en 1666, conservándose casi completa la colección. Además hay 12 lienzos anónimos atribuidos a la Escuela Quiteña del siglo XVII y 2 lienzos pintados por Luis Cadena, artista quiteño del siglo XIX, él cual se destaca por realizar pinturas de gran tamaño.

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Es la única parte original de la iglesia, tiene una bóveda espaciosa de estilo gótico compuesto por arcos ojivales (terminados en punta) de los cuales nace una serie de nervios o nervaduras que convergen o se unen en el centro de la misma a manera de una gran telaraña, los colores que nos presenta son un tanto más oscuros que el resto de la iglesia lo que nos ayuda a conocer las modificaciones que ha ido recibiendo la misma desde el terremoto de 1878 aproximadamente                                   .

Dispone de una ventana sencilla la cual permite la iluminación del coro además tiene una dimensión de
14 m. de largo por 10 m. de ancho, adornado con una sillería tallada en madera de cedro dividida en 18 sillas para la hilera baja y 34 sillas para la hilera alta dando lugar a 52 sillas con su propio reclinatorio. Cerca de ellas se encuentra la decoración de la pared; una serie de altos relieves que muestran a la Orden Agustina cada uno de ellos separados entre sí por columnas labradas y doradas destacándose San Agustín en el centro él cual viste de Obispo y lleva una iglesia en la mano                                   .

En medio del coro se levanta un majestuoso órgano considerado uno de los mejores de Quito, traído de Alemania y donado a la Orden de San Agustín por doña María Luisa Gangotena en 21 de Febrero de 1927                                                       .

Es de estructura moderna, de orden dórico, tiene las comodidades que el intérprete requiere y su función es a través de aire que corre en su interior.

San Agustín, iglesia y claustro, con todas las obras nombradas y otras más, es una verdadera pinacoteca del arte colonial quiteño.


Iglesia Santo Domingo
Retablo en el altar principal de Cantuña en Quito Ecuador

Su construcción, de estilo plateresco y mudéjar, data del siglo XVI. En el interior del templo se encuentran valiosas estructuras, como el altar mayor neogótico, que fue colocado a finales del siglo XIX por dominicos italianos. El techo de la iglesia, de estilo mudéjar, cuenta con pinturas de mártires de la Orden de Santo Domingo.
La cubierta de la nave central está compuesta por una armadura apeinazada de par y nudillo, recubierta en el interior por piezas de lacería. Una de las joyas barrocas del siglo XVIII que se cuida celosamente es la Capilla del Rosario, esta constituye un baluarte de la arquitectura de Quito.
Aunque llegaron a Quito en 1541, sólo en 1580 comenzaron los dominicanos a construir su templo, con planos y dirección de Francisco Becerra, el arquitecto extremeño. La obra total se llevó a término en la primera mitad del siglo XVII. Junto a la iglesia, del lado del evangelio, se puso capilla aparte para Nuestra Señora del Rosario, en la que más tarde se fundó la más importante cofradía de la ciudad. Iglesia y capilla se adornaron con artesonados bien labrados, ricos retablos, imágenes de bulto y lienzos.
De esa primitiva riqueza, en el tem­plo queda poco: apenas el artesonado mudéjar. No así en la capilla del Rosario, con su retablo del más abigarrado rococó, su decoración con tallas doradas sobre fondo rojo, las columnas con original mezcla de elementos vegetales y antropomórficos y los complicados frontones con sus remates, todo lo cual completa un conjunto de rara plenitud ornamental.
Desde 1586 trabajó en Santo Domingo Fray Pedro Bedón, a quien puede tenerse por el fundador de la Escuela Quiteña de pintura. Para iglesia y convento el habilísimo fraile talló y pintó obras que aún pueden admirarse, como el óleo de San Nicolás de Tolentino, o el altorrelieve del Beato Reginaldo recibiendo el escapulario de dominico, de manos de la Virgen, preciosamente policromado en oro.
También en los primeros tiempos Diego de Robles, toledano, autor de las imágenes de la Virgen más veneradas la de Guápulo y la del Quinche, talló para el coro los altorrelieves de San Pío V y San Antonio de Florencia, que hoy pueden verse en el museo Dominicano, así como otras tablas.
La torre de Santo Domingo vista a la plaza

Más tarde se enriqueció el tesoro dominicano actualmente recogido en buena parte en el museo situado al lado norte del claustro bajo- con estupendas piezas de los grandes escultores quiteños: el Santo Domingo de Guzmán del Padre Carlos, el San Juan de Dios de Caspicara, el Santo Tomás de Aquino de Legarda. Otras tallas de iglesia, capillas y convento dominicano nos recuerdan arraigadas devociones popula­res quiteñas. Así el bellísimo nacimiento de Caspicara, con el niño yacente, dulce y profundamente dormido, y la Virgen y San José guar­dando su sueño, tiernos y absortos las dos piezas de riquísimo estofado. Así la Virgen de la Leche, virgen mestiza de rostro grave y hondo. Y la Virgen de la Aurora, tan sacada en las procesiones del alba, llamadas "Rosario de la Aurora".
El convento tiene un claustro con hermoso primer piso de robustas columnas octogonales y arcos, en torno al alegre jardín.


Iglesia La Catedral
La catedral siempre ha sido la representacion maxima de la plaza quiteña, en la cual se pueden observar las mejores obras de nuestros primeros artistas, en especial de caspicara,la virgen de legarda fue una de las obras mas representativas. En esta epoca se manejo mucho el esgrafiado, el estofado, la utilizacion de la vejiga de cordero, la escultura al vacio y de una sola piensa ademas de la utilizacion de otros elementos como marmol o vidrio para los ojos.

Iglesia La Catedral en Quito Pichicha Ecuador

Hasta mediados del siglo XVI la catedral de Quito era de tapias y cubierta de paja. Entonces comenzó la iglesia actual el obispo García Díaz Arias, y la prosiguió el siguiente obispo, gran constructor, Pedro Rodríguez de Aguayo.
Una quebrada honda que corría hacia la parte de atrás impidió que se la edificase con frente a la plaza mayor.
Entonces, se tendió a todo lo largo de su flanco norte un atrio de piedra. Con la colaboración entusiasta de los vecinos y trayendo la piedra del Pichincha, la obra se terminó entre 1562 y 1565. Más tarde se labraron retablos y se talló el púlpito.
Entonces el templo se consagró en 1572. Sin embargo, todo lo que hoy podemos apreciar fue completándose a lo largo de los siglos XVII y XVIII. A fines de este siglo se edificó el domo que corta por la mitad el atrio y se abre en escalera circular al parque, que, con el nombre del presidente de la audiencia que lo hizo, se conoce como el "templo de Carondelet".
Pequeños domos y silhouettles la catedral en Quito
En estilo neoclásico se trabajó el domo, así como el coro catedralicio -talla de Caspicara-. En el altar mayor se puso el gran lienzo del tránsito de la Virgen, de Manuel Samaniego. El propio Samaniego y Bernardo Rodríguez pintaron episodios de la vida de Jesús en las enjutas de los arcos. Y, entre 1802 y 1803, Bernardo Rodríguez trabajó los cuatro grandes lienzos de las naves laterales: la pesca milagrosa; curación de un pobre por San Pedro; conversión de San Pablo y San Pablo picado por una víbora.
Numerosos y preciosos tesoros tiene, además de los dichos, la catedral quiteña, tan modesta en apariencia: el grupo escultórico llamado "La sabana santa", una de las obras más armoniosas e intensas de Caspicara; la Inmaculada de Legarda; el grupo de la negación de San Pedro, atribuido al Padre Carlos, el legendario artista que talló en 1668 el San Lucas de Cantuña; el lienzo de la muerte de la Virgen, de Miguel de Santiago, puesto en el muro del trascoro y la serie de retratos de obispos que adorna los muros de la sala del capítulo son los más dignos de verse



Anexos:
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